¿Cuándo ir a terapia de pareja? Señales, cómo funciona y qué esperar

Pareja conversando durante una sesión de terapia de pareja

Las dificultades forman parte de cualquier relación, pero hay momentos en los que hablar ya no ayuda, las mismas discusiones se repiten y cada intento de solucionar el problema termina generando más distancia. En estas situaciones es normal preguntarse cuándo ir a terapia de pareja y si realmente puede ayudar.

La terapia de pareja no está reservada únicamente para relaciones al borde de la ruptura. También puede ser útil cuando todavía existe afecto, pero la comunicación se ha deteriorado, cuesta recuperar la confianza o ambos necesitáis ayuda para afrontar una decisión importante.

El objetivo no consiste en decidir quién tiene razón ni en obligar a la pareja a permanecer unida. Se trata de comprender qué dinámica mantiene el malestar, aprender nuevas formas de relacionarse y tomar decisiones con mayor claridad. En este artículo veremos las principales señales para pedir ayuda, cómo funciona la terapia de pareja, qué ocurre durante las sesiones y qué resultados pueden esperarse de manera realista.

¿Cuándo conviene ir a terapia de pareja?

No existe un momento exacto para pedir ayuda. La señal más importante aparece cuando los intentos por solucionar los problemas terminan siempre en el mismo punto y la relación empieza a generar más desgaste que bienestar.

No es necesario esperar a que exista una crisis grave. Acudir a terapia cuando todavía hay afecto, disposición para escucharse y deseo de mejorar permite trabajar antes de que se acumulen el resentimiento, la desconfianza o la distancia emocional.

Discutís continuamente por los mismos problemas

Algunas discusiones cambian de forma, pero mantienen siempre el mismo fondo. El conflicto puede empezar por las tareas domésticas, el dinero, la familia, los horarios o el uso del móvil y terminar con los mismos reproches.

Con frecuencia, una persona insiste porque necesita sentirse escuchada, mientras la otra se distancia porque se siente atacada o desbordada. Cuanto más persigue una, más se retira la otra, creando un ciclo que ambos alimentan sin proponérselo.

La terapia de pareja ayuda a identificar este patrón y a comprender qué emociones y necesidades aparecen detrás de cada reacción.

La comunicación se ha convertido en ataque o silencio

onviene pedir ayuda cuando hablar de asuntos importantes conduce habitualmente a reproches, interrupciones, ironías, defensividad o desprecio. También cuando uno o ambos evitan determinadas conversaciones por miedo a provocar otra discusión.

No hablar puede reducir momentáneamente la tensión, pero no resuelve el problema. Con el tiempo, los temas pendientes se acumulan y la sensación de desconexión aumenta.

En terapia se trabajan formas más claras y respetuosas de expresar el malestar, escuchar al otro y abordar los desacuerdos sin convertirlos en una lucha.

Existe distancia emocional o pérdida de intimidad

No todas las crisis de pareja se manifiestan mediante discusiones. Algunas aparecen como una distancia progresiva: se comparte menos, desaparecen las muestras de afecto, disminuye la intimidad o la convivencia empieza a parecerse a la de dos compañeros de piso.

Esta desconexión puede estar relacionada con el estrés, la crianza, las dificultades sexuales, los problemas laborales, heridas que no se han reparado o una acumulación de pequeñas decepciones.

La terapia permite explorar qué ha provocado la distancia y qué necesita cada persona para recuperar la cercanía, sin convertir el afecto o la intimidad en una obligación.

Las diferencias en la forma de buscar cercanía o protegerse emocionalmente también pueden comprenderse mejor al conocer las características del apego ansioso y evitativo.

Se ha producido una ruptura de confianza

Una infidelidad, una mentira importante, el incumplimiento de acuerdos o determinados secretos pueden dañar profundamente la seguridad dentro de la relación.

Después de una ruptura de confianza es habitual que aparezcan preguntas constantes, enfado, culpa, miedo o necesidad de comprobar lo que hace la otra persona. Intentar pasar página demasiado rápido puede dejar la herida abierta, pero revisar continuamente lo ocurrido también puede impedir avanzar.

La terapia puede ayudar a comprender lo sucedido, asumir responsabilidades, establecer límites y valorar si es posible reconstruir la confianza mediante cambios coherentes y sostenidos.

Estáis atravesando un cambio importante

La convivencia, la llegada de los hijos, una mudanza, un problema de salud, el cuidado de familiares, una pérdida o una situación laboral complicada pueden alterar el equilibrio de la pareja.

Estos cambios no siempre crean el problema, pero pueden intensificar diferencias que antes resultaban manejables. Contar con ayuda profesional permite ordenar expectativas, necesidades y temores para afrontar la situación como un equipo.

Uno de los dos siente que ya no puede más

No es necesario que ambos estén igual de convencidos para plantear una primera consulta. Es frecuente que uno detecte antes el desgaste y proponga buscar ayuda.

Para que el proceso pueda avanzar debe existir, al menos, una disposición mínima a participar, escuchar y revisar la propia contribución al problema. La terapia no funciona si se utiliza únicamente para demostrar que el otro está equivocado.

¿Cómo funciona la terapia de pareja?

La terapia de pareja comienza con una evaluación de la situación. Durante las primeras sesiones se analiza qué está ocurriendo, cuándo comenzaron las dificultades, cómo intenta resolverlas cada persona y qué consecuencias están teniendo en la relación.

No se trata únicamente de hablar sobre la última discusión. El objetivo es comprender el patrón que se repite detrás de los conflictos y descubrir qué pensamientos, emociones y conductas contribuyen a mantenerlo.

Evaluación del problema y de la relación

En las primeras sesiones se exploran el motivo de consulta, la evolución de la relación, los principales conflictos y los intentos realizados para solucionarlos.

También se tienen en cuenta los recursos de la pareja: momentos en los que consiguen entenderse, aspectos que todavía funcionan, experiencias compartidas y razones por las que desean iniciar el proceso.

Esta evaluación permite establecer una visión más completa del problema y evitar que la terapia se limite a buscar quién empezó una discusión o quién tiene razón.

Algunas de estas dinámicas pueden estar relacionadas con patrones emocionales aprendidos en pareja, que influyen en la forma de interpretar y responder ante el comportamiento del otro.

Identificación de los patrones que mantienen el conflicto

Muchas parejas quedan atrapadas en secuencias automáticas. Una persona puede expresar su malestar mediante reproches, mientras la otra responde defendiéndose, retirándose o evitando la conversación.

Esa reacción aumenta la frustración de la primera persona, que insiste con mayor intensidad. Como consecuencia, la segunda se distancia todavía más. Ambos terminan protegiéndose de una manera que aumenta precisamente aquello que temen.

En terapia se aprende a reconocer cómo comienza el ciclo, qué lo intensifica y en qué momento puede introducirse una respuesta diferente.

Definición de objetivos compartidos

Cada miembro de la pareja puede llegar a consulta con expectativas distintas. Uno puede querer reducir las discusiones, mientras el otro necesita recuperar la confianza, sentirse escuchado o decidir si desea continuar con la relación.

Los objetivos se concretan de manera conjunta y deben ser comprensibles, realistas y observables. Algunos objetivos habituales son:

  • Mejorar la comunicación.
  • Reducir los reproches y las respuestas defensivas.
  • Recuperar la confianza.
  • Aprender a expresar necesidades y límites.
  • Afrontar una infidelidad.
  • Reorganizar la convivencia.
  • Recuperar la cercanía emocional.
  • Tomar una decisión sobre el futuro de la relación.
 

La terapia no impone un objetivo desde fuera. Ayuda a que ambos puedan entender qué necesitan y qué cambios están dispuestos a realizar.

Aprendizaje de nuevas formas de comunicación

Una parte importante del proceso consiste en aprender a hablar de los problemas sin que la conversación se convierta automáticamente en una pelea.

Durante las sesiones se trabajan habilidades como expresar el malestar sin atacar, escuchar sin preparar inmediatamente una defensa, pedir cambios concretos, validar las emociones del otro y establecer límites de forma respetuosa.

El objetivo no es comunicarse de manera perfecta ni evitar cualquier desacuerdo. Se busca que la pareja pueda afrontar los conflictos sin dañar el vínculo cada vez que aparecen.

Cambios dentro y fuera de las sesiones

Los avances no se producen únicamente durante la consulta. Según las necesidades de la pareja, pueden proponerse observaciones, conversaciones estructuradas o ejercicios para realizar entre sesiones.

Estas tareas permiten detectar situaciones cotidianas que activan el conflicto y practicar respuestas diferentes en el contexto donde realmente aparece el problema.

No se trata de superar pruebas ni de demostrar quién se esfuerza más. Las propuestas deben adaptarse al momento de la pareja y revisarse posteriormente para comprobar qué ha resultado útil y qué necesita modificarse.

Revisión de los avances

A lo largo del proceso se revisan los cambios conseguidos, las dificultades que continúan presentes y los objetivos que necesitan ajustarse.

La mejoría no significa que desaparezcan todos los desacuerdos. Puede observarse cuando las discusiones duran menos, se producen con menor intensidad, ambos consiguen reparar el daño y existe una mayor capacidad para hablar de los problemas sin evitarse o atacarse.

El progreso se valora por los cambios que la pareja puede mantener en su vida cotidiana, no únicamente por cómo se siente al terminar una sesión.

¿Qué puede conseguir la terapia de pareja?

La terapia de pareja puede ayudar a comprender mejor los conflictos, reducir las dinámicas que generan sufrimiento y desarrollar formas más saludables de relacionarse. Sin embargo, sus objetivos y resultados dependen de la situación, las necesidades y la implicación de cada pareja.

No se trata de volver a una etapa idealizada de la relación, sino de construir una manera más consciente y equilibrada de estar juntos.

Mejorar la comunicación y la comprensión mutua

Uno de los principales objetivos es que ambos puedan expresar lo que sienten y necesitan sin recurrir constantemente al reproche, la acusación o el silencio.

La terapia ayuda a diferenciar entre escuchar para comprender y escuchar únicamente para responder. Cuando cada persona puede entender mejor la experiencia de la otra, disminuyen las interpretaciones negativas y resulta más fácil encontrar soluciones compartidas.

Comprender al otro no significa estar de acuerdo con todo. Significa poder reconocer su experiencia sin invalidarla ni convertir cualquier diferencia en una amenaza.

Reducir las discusiones destructivas

Los desacuerdos forman parte de cualquier relación. El problema aparece cuando las discusiones incluyen desprecio, humillaciones, amenazas, gritos, retirada emocional prolongada o ataques sobre aspectos personales.

En terapia se trabaja para detectar las señales que indican que una conversación está dejando de ser útil. La pareja aprende a detener la escalada, regular la activación emocional y retomar el tema cuando ambos puedan participar de una manera más segura.

El objetivo no es dejar de discutir, sino aprender a hacerlo sin deteriorar la relación.

Recuperar la confianza

Cuando la confianza se ha dañado, no suele ser suficiente con pedir perdón o prometer que algo no volverá a ocurrir. La recuperación requiere responsabilidad, transparencia y comportamientos coherentes mantenidos en el tiempo.

La terapia puede ayudar a que la persona afectada exprese el impacto de lo sucedido y a que la otra comprenda qué necesita reparar. También permite establecer límites y acuerdos que aporten seguridad sin convertir la relación en un sistema permanente de vigilancia.

Recuperar la confianza no significa olvidar, sino comprobar que existen cambios reales que permiten volver a sentirse seguro dentro de la relación.

Recuperar la cercanía emocional

La distancia emocional suele construirse de manera gradual. Las obligaciones, el cansancio, las decepciones y los conflictos sin resolver pueden reducir los momentos de conexión hasta que la pareja deja de sentirse acompañada.

En terapia se identifican las barreras que dificultan la cercanía y se trabajan formas de recuperar la atención, el afecto, la intimidad y el tiempo compartido.

Este proceso debe respetar el ritmo y los límites de ambos. La conexión emocional no puede imponerse, pero sí pueden crearse condiciones que faciliten su recuperación.

Aprender a establecer límites y acuerdos

Algunas dificultades aparecen porque existen expectativas diferentes sobre la convivencia, la familia, el dinero, la intimidad, el tiempo personal o la relación con otras personas.

La terapia permite expresar esas diferencias y convertirlas en acuerdos concretos. Un acuerdo útil debe ser comprensible, realista, aceptado por ambos y revisable cuando las circunstancias cambien.

También se trabaja la capacidad de establecer límites. Un límite no es una amenaza ni una forma de controlar al otro, sino una manera de proteger necesidades importantes y definir qué conductas resultan aceptables dentro de la relación.

Afrontar decisiones importantes

En algunos casos, el objetivo no es reparar inmediatamente la relación, sino decidir qué hacer con ella.

La terapia puede ayudar a valorar si ambos desean continuar, qué cambios serían necesarios, qué dificultades pueden trabajarse y cuáles son los límites personales de cada uno.

Comprender el problema con mayor claridad permite tomar decisiones menos impulsivas y menos condicionadas por la discusión del momento.

Facilitar una separación más respetuosa

La terapia de pareja no siempre termina con la continuidad de la relación. En ocasiones, el resultado más saludable es una separación.

El acompañamiento psicológico puede ayudar a expresar lo ocurrido, reducir el conflicto, organizar la comunicación y cerrar la relación de una manera más consciente. Cuando existen hijos, también permite diferenciar el final de la pareja de la continuidad de las responsabilidades parentales.

Una terapia útil no obliga a permanecer juntos. Ayuda a tomar decisiones con mayor claridad, responsabilidad y respeto.

Cuando la relación termina, también puede ser necesario aprender cómo superar una ruptura de pareja y afrontar el proceso de duelo.

¿Qué ocurre en la primera sesión de terapia de pareja?

La primera sesión permite conocer el motivo de consulta, comprender cómo vive cada persona la situación y valorar qué tipo de intervención puede resultar adecuada.

No es necesario llegar con una explicación perfectamente ordenada ni haber acordado una versión común del problema. Es habitual que cada miembro de la pareja interprete lo ocurrido de forma diferente.

Si nunca habéis acudido a consulta, conocer qué sucede durante la primera sesión con un psicólogo puede ayudaros a afrontar ese momento con mayor tranquilidad.

 

Cada persona explica cómo vive el problema

Durante la primera consulta, ambos pueden explicar qué les preocupa, cómo creen que ha evolucionado la relación y qué cambios consideran necesarios.

El psicólogo escucha las dos perspectivas sin convertir la sesión en un juicio. El objetivo no es decidir quién tiene razón, sino comprender cómo interactúan las experiencias, emociones y reacciones de cada persona.

También pueden explorarse cuestiones como:

  • Cuándo comenzaron las dificultades.
  • Qué situaciones provocan más conflictos.
  • Cómo suelen terminar las discusiones.
  • Qué soluciones habéis intentado.
  • Qué aspectos de la relación todavía funcionan.
  • Qué espera cada persona de la terapia.

Se analiza la dinámica de la pareja

Además de escuchar el contenido de los problemas, el psicólogo observa cómo se comunica la pareja durante la sesión.

La forma de interrumpirse, defenderse, evitar determinados temas, buscar aprobación o reaccionar ante el malestar aporta información sobre el patrón relacional.

Esta observación no se utiliza para juzgar a ninguno de los dos. Permite identificar qué sucede entre ambos cuando aparece una diferencia y qué cambios podrían ayudar a reducir el conflicto.

Se establecen los primeros objetivos

Después de comprender el motivo de consulta, se concretan los aspectos que necesitan atención prioritaria.

Los objetivos pueden coincidir desde el principio o requerir varias sesiones para definirse. Una persona puede querer recuperar la cercanía, mientras la otra necesita comprobar primero si puede volver a confiar.

El trabajo comienza buscando objetivos compatibles y suficientemente claros para orientar el proceso.

Se explica cómo se desarrollará la terapia

Durante la primera sesión también se resuelven dudas sobre el funcionamiento de la terapia, la frecuencia de las consultas, la confidencialidad y la participación de cada persona.

El profesional puede explicar qué aspectos conviene trabajar, qué dificultades podrían aparecer y cómo se revisarán los avances.

La primera sesión no obliga a continuar el proceso. También sirve para comprobar si ambos se sienten escuchados, respetados y cómodos con la forma de trabajar.

Pueden plantearse sesiones individuales

En algunos procesos puede resultar útil realizar alguna sesión individual para conocer determinados antecedentes, emociones o preocupaciones que necesitan un espacio propio.

Estas sesiones deben integrarse dentro del objetivo general de la terapia y mantener unas normas claras de confidencialidad. No deben convertirse en alianzas secretas entre el profesional y uno de los miembros de la pareja.

La conveniencia de combinar sesiones conjuntas e individuales dependerá de las necesidades del caso y del criterio profesional.

¿Cuánto dura una terapia de pareja?

La duración de una terapia de pareja depende del tipo de dificultad, del tiempo que lleva presente, de los objetivos planteados y de la implicación de ambos miembros.

Algunas parejas necesitan ayuda para afrontar un problema concreto, mientras que otras presentan conflictos acumulados durante años. Por este motivo, no es posible establecer de antemano un número exacto de sesiones que resulte válido para todos los casos.

La duración depende del problema que se quiere trabajar

Un conflicto reciente y bien delimitado puede requerir un proceso diferente al de una relación marcada por años de discusiones, distancia emocional o pérdida de confianza.

También influye si existe un único motivo de consulta o si aparecen varias dificultades relacionadas, como problemas de comunicación, intimidad, convivencia, familia o gestión emocional.

Durante las primeras sesiones se realiza una valoración que permite definir prioridades y plantear una orientación inicial del proceso.

La implicación de ambos influye en el avance

La terapia puede facilitar herramientas, preguntas y nuevas formas de comprender la relación, pero los cambios necesitan trasladarse a la vida cotidiana.

El proceso suele avanzar mejor cuando ambos miembros:

  • Asisten con regularidad.
  • Hablan con sinceridad.
  • Escuchan la perspectiva del otro.
  • Reconocen su participación en la dinámica.
  • Practican nuevas respuestas fuera de consulta.
  • Cumplen los acuerdos establecidos.
  • Comunican las dificultades que aparecen durante el proceso.
 

La responsabilidad no consiste en aceptar toda la culpa, sino en reconocer qué puede cambiar cada persona para dejar de alimentar el problema.

Los avances se revisan durante el proceso

Los objetivos iniciales no permanecen necesariamente iguales durante toda la terapia. A medida que mejora la comunicación pueden aparecer necesidades que antes quedaban ocultas por las discusiones.

Por eso se revisa periódicamente qué cambios se han producido, qué dificultades continúan presentes y qué aspectos necesitan mayor atención.

Esta revisión permite adaptar el tratamiento y evita prolongarlo cuando los objetivos ya se han alcanzado o cuando el enfoque utilizado no está generando avances.

Terminar la terapia también forma parte del proceso

La terapia puede finalizar cuando la pareja ha alcanzado los objetivos principales y dispone de recursos suficientes para afrontar los conflictos sin depender continuamente de las sesiones.

Antes de terminar, conviene revisar los cambios logrados, identificar posibles situaciones de riesgo y establecer cómo actuar si reaparecen patrones anteriores.

El objetivo final no es que la pareja nunca vuelva a discutir, sino que pueda reconocer el problema antes, gestionarlo mejor y reparar el daño cuando sea necesario.

Terapia de pareja en Aranjuez: dar el primer paso

Si las discusiones, la distancia emocional o la desconfianza están ocupando demasiado espacio en vuestra relación, no es necesario esperar a que la situación llegue a un punto límite.

Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado. Significa reconocer que las soluciones que habéis intentado no están siendo suficientes y que necesitáis una forma diferente de comprender lo que ocurre.

En mi consulta de psicología en Aranjuez podemos valorar vuestro caso, identificar los patrones que mantienen el malestar y establecer unos objetivos adaptados a las necesidades de ambos. También existe la posibilidad de realizar terapia online cuando las circunstancias y la situación de la pareja lo permiten.

La primera sesión sirve para explicar qué está ocurriendo, conocer la perspectiva de cada persona y resolver las dudas sobre el proceso. No es necesario llegar con una decisión tomada ni saber exactamente cómo expresar todo lo que sentís.

Si queréis mejorar vuestra comunicación, recuperar la confianza o tomar una decisión sobre el futuro de la relación, podéis solicitar una primera cita para valorar cuál es la forma de ayuda más adecuada.

¿Cuándo no es recomendable comenzar una terapia conjunta?

La terapia conjunta no siempre es el formato más adecuado. Cuando existe violencia, intimidación, control, amenazas o miedo a las consecuencias de hablar con sinceridad, la prioridad debe ser la seguridad de la persona afectada.

En estas situaciones es necesaria una valoración individual y puede ser recomendable recurrir a servicios especializados. En España, las mujeres pueden consultar los recursos oficiales de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género o contactar con el servicio 016.

También puede ser necesario comenzar con atención individual cuando existen problemas psicológicos graves, consumo de sustancias u otras circunstancias que impiden participar con seguridad en las sesiones conjuntas.

Cuando existe violencia, intimidación o miedo

Si existen agresiones, amenazas, control coercitivo, vigilancia, humillaciones o miedo a la reacción de la otra persona, la prioridad debe ser la seguridad.

En estas situaciones es necesario realizar una valoración individual y recurrir a recursos especializados. La terapia de pareja no debe utilizarse para repartir responsabilidades cuando una persona está ejerciendo violencia sobre la otra.

Cuando no se puede hablar con libertad

Las sesiones conjuntas tampoco resultan adecuadas si una persona teme contar lo que ocurre, piensa que será castigada después de la consulta o siente que debe modificar su relato para protegerse.

El espacio terapéutico debe permitir que ambos puedan expresarse sin amenazas ni represalias. Si esto no es posible, conviene valorar otro tipo de intervención antes de iniciar el trabajo conjunto.

Cuando uno de los dos utiliza la terapia para controlar al otro

El proceso difícilmente puede avanzar si una persona acude únicamente para conseguir que el psicólogo confirme que el otro está equivocado, obtener información para utilizarla posteriormente o imponer una decisión.

La terapia requiere una disposición mínima para escuchar, asumir responsabilidades y revisar la propia conducta. El profesional no actúa como juez ni como aliado de uno de los miembros contra el otro.

Cuando existen dificultades individuales que requieren atención prioritaria

Determinados problemas psicológicos graves, el consumo de sustancias o una situación de crisis pueden necesitar una atención individual previa o paralela.

La decisión dependerá de cada caso y de la valoración profesional. El objetivo no es excluir a nadie del proceso, sino garantizar que ambos puedan participar de una manera segura y útil.

Preguntas frecuentes sobre la terapia de pareja

¿Es necesario que los dos quieran ir a terapia?

Es recomendable que ambos acepten participar, aunque no necesitan llegar con el mismo nivel de motivación. Es frecuente que una persona proponga buscar ayuda y la otra acuda inicialmente con dudas.

Para que el proceso pueda avanzar debe existir una disposición mínima a escuchar, expresarse con sinceridad y revisar la propia participación en los problemas.

¿Puede acudir una sola persona?

Sí. Cuando uno de los miembros no quiere participar, la otra persona puede comenzar un proceso individual para trabajar cómo vive la relación, cómo responde ante los conflictos y qué decisiones necesita tomar.

La terapia individual no permite controlar ni cambiar directamente la conducta del otro, pero puede ayudar a establecer límites, mejorar la comunicación y actuar con mayor claridad.

¿El psicólogo se pondrá de parte de uno?

El psicólogo no determina quién gana una discusión. Su función consiste en comprender la dinámica de la pareja y señalar los patrones que están perjudicando la relación.

Esto no significa tratar todas las conductas como si fueran equivalentes. El profesional puede señalar responsabilidades, límites o comportamientos dañinos sin convertirse en aliado de uno contra el otro.

¿La terapia de pareja sirve después de una infidelidad?

Puede ayudar a comprender lo sucedido, expresar el impacto emocional, asumir responsabilidades y valorar si existen condiciones para reconstruir la confianza.

La terapia no garantiza que la relación continúe. Permite tomar una decisión más consciente y comprobar si los cambios necesarios pueden mantenerse en el tiempo.

¿Se puede acudir si estamos pensando en separarnos?

Sí. La terapia también puede utilizarse para aclarar dudas, valorar alternativas y decidir cómo continuar.

Si la separación es la decisión final, el proceso puede ayudar a reducir el conflicto, cerrar la relación de una forma más respetuosa y organizar la comunicación cuando existen responsabilidades compartidas.

¿La terapia de pareja puede hacerse online?

Sí, siempre que ambos dispongan de privacidad, una conexión adecuada y condiciones para participar con seguridad.

La terapia online puede facilitar la asistencia cuando existen dificultades de horarios, desplazamiento o residencia en lugares diferentes. La modalidad debe decidirse según las características de cada caso.

¿Hay que estar casados para acudir?

No. Pueden solicitar ayuda parejas casadas o no, con o sin convivencia y con independencia de su orientación sexual o del tiempo que lleven juntas.

Lo importante es que exista una relación significativa y un problema que ambos quieran comprender o trabajar.

Federico García Arrillaga | Psicólogo en Aranjuez y terapia online
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